Ernesto, un filme necesario

El filme cubano-japonés Ernesto, se estrenó en el cine 10 de octubre de Bayamo esta semana y estará durante el verano en el Boulevard de los capuchinos, en la Plaza de la Revolución, apto para mayores de 16 años.

La película cuenta la historia de Freddy Maymura o Maemura, como tambiés escriben los bolivianos, de un joven de ascendencia nipona que nace en Bolivia y viene a estudiar medicina en Cuba, en la década de 1960, años trascendentales para la Revolución cubana.

Como hijo de América Latina Freddy comprende lo que vive y sufre el pueblo de Cuba con las presiones que ejerce Estados Unidos, y siente el dolor de su pueblo explotado por el mismo enemigo.

Las escenas muestran a un joven heredero de costumbres niponas como su papá, mesurado, discreto y poco expresivo pero no ajeno a  lo humano. En Cuba conoce al Che, médico argentino con el que tendrá lazos de hermandad que no muestra del todo el filme, algo en lo que pudo profundizar y no hizo el director japonés JunjiSakamoto.

El filme basado en la obra literaria El samurái de la Revolución, escrito por Mary Maymura, hermana de Freddy Maymura cuenta con la actuación destacada del  popular actor japonés JoeOdagiri, en el papel de Freddy, donde resaltan los antepasados japoneses, el deseo de salir adelante y el respeto por los demás.  En cambio  las actuaciones de los cubanos estimo estuvieron faltas de credibilidad, tanto los que encarnan personajes relevantes de la historia como los que interpretan los papeles más cotidianos, salvando excepciones, un renglón perfectible en la cinta.

No será un filme popular en Cuba, auguro, porque si bien la temática puede ser atractiva para un sector importante de la población, con evidente matiz didáctico e informativo, cultural, los atractivos de los recursos cinematográficos como este de la dirección actoral no son de destacar.

La cinta destaca por el seguimiento cuidadoso de la historia que le sirve de referencia, la cuidadosa dirección de arte, donde merece, en mi opinión un premio, al componer, según la época, lo mismo escenarios exteriores como locaciones interiores y sus intermedios (pasillos, fiesta nocturna, escuela, laboratorios) con exquisitez.

La fotografía donde predominan planos generales ubica constantemente en la situación y ayuda a comprender la historia, si bien pormenorizar en los detalles ayudaría a despertar más el erizamiento en la piel que parece querer provocar el director con la visita al Monumento de la Paz en Hiroshima y el paso del Che por Japón.

Y hablando del Che y su visita puntual al país del sol naciente, como en las apariciones en la Universidad de La Habana y otras, así como las conversaciones de Fidel a micrófono, con estudiantes bolivianos y otras, son poco naturales, más bien sobreactuadas, faltó organicidad a quiénes los interpretaron y a los maquillistas y vestuaristas acercar más desde el volumen y los trucos de las pinturas y el ropaje a esos dos grandes de la historia de Cuba que bien tienen definidos los cubanos y los terrícolas.

En  124 minutosJunjiSakamoto, director japonés logra sustraer a los espectadores hacia la década de 1960, algo atropellado en el tratamiento del contexto histórico, necesario para ubicar el desenvolvimiento individual de los personajes, para el que usa el recurso de imágenes de archivo en video y fotografías, y poco el recurso de la música extradiegética, que pudiera ayudarle a aliviar el pesado fardo de la historia.

Disfrutar a Ernesto es posible, tanto si se conoce la excepcional historia de la guerrilla boliviana del Che o no, se pone en contacto de un modo muy fugaz con el resto de los hombres y la mujer de la tropa de inigualable valor humano, a la que en mi opinión se deben dos o tres escenas contundentes para enriquecer el final que nunca llegaba.

Coproducida por Kino Films de Japón  y RTV Comercial de Cuba, la cinta tiene el valor de mostrar a uno de los protagonistas de la gesta, alguien quizá desconocido para los que no han leído El diario del Che en Bolivia, enseñar la nobleza de la juventud y cómo se forjó aquella heterogénea agrupación que dio la vida por el ideal de justicia.

Acercar como referente  al joven Freddy para la juventud latinoamericana y cubana, será un gran aporte del filme a la contemporaneidad, una idea valerosa y valiente en estos tiempos de globalización y paradigmas distorsionados impuestos por los poderosos, aunque vale cuidar de filmes como este más los aspectos artísticos, para atraer a ese público, demasiado acostumbrado a los glamoures del séptimo arte cotidiano.

 

Etiquetas: Cine

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