Dos Décadas Batiendo Alas

El grupo de teatro Alas D´ Cuba cumplió en este 2015 su aniversario veinte. Su magnífica trayectoria artística, la profesionalidad de sus propuestas y la agudeza de sus temas, le han ganado un sólido prestigio en el mundo cubano de las tablas. Hoy, La Campana se viste de teatro y conversa con su director y fundador, Fernando Muñoz.

“Comencé como la mayoría de los teatristas cubanos que no somos egresados de ninguna academia de artes. Mis estudios fueron de Historia del Arte, pero vi en el género la oportunidad de aplicar los conocimientos adquiridos a lo largo de mi carrera. En cierto momento, un grupo de actores y yo nos vimos en la necesidad,  para entrar al movimiento profesional, de componer un sistema de estudios, y lo aplicamos con determinadas temáticas: dramaturgia, actuación, dirección teórica; y el resto de los conocimientos y de la inserción paulatina ha sido autodidacta, a través de lecturas: siempre la mejor bibliografía, pues aproveché cada oportunidad para obtener buenos libros de maestros reconocidos, de los llamados reformadores, como Bertolt Brecht, Stanislavski, Eugenio Barba, Grotowski, entre otros. El resto de los saberes han llegado a través de excelentes talleres y de la propia práctica, que es la mejor manera de consolidar y organizar coherentemente los conocimientos”.

Sobre el género, confesó:
“Es una forma de ver la existencia, pues es muchas cosas al mismo tiempo. Cuando uno habla de los modos en que se manifiesta el teatro contemporáneo, se piensa en el cine, la pintura y la literatura. Se piensa también en las distintas culturas y nacionalidades. Abarca un gran espectro. Es mi forma de vida, de aprendizaje y realización personal como ser humano y artista”.

¿Alas D´ Cuba?
“Surgió de manera consciente, no paulatina ni accidentalmente. Juan Alberto Ante, Mirelys Echenique, Yudexi de la Torre, Oscar Aguilar y yo decidimos crear un grupo  para hacer un determinado trabajo que hasta ese momento no habíamos tenido oportunidad de realizar por distintas razones. Nos comprometimos con el proyecto, de manera seria, profunda y bien pensada, asumiendo una estética de vanguardia y de fuerte contenido social.  Alguien debía liderarlo, y asumir riesgos y responsabilidades. En ese caso fui yo, porque era el que más inquietudes tenía en ese momento. Fue en 1995. Empezamos el primer trabajo y el grupo fue acogido como un proyecto de la Asociación Hermanos Saíz”.

(…) En cuanto al nombre, siempre es difícil encontrar uno que contenga la esencia de lo que quiere hacerse. Leyendo e investigando encontré de forma accidental un concepto muy poético y a la vez dialéctico, del filósofo Kant, que versaba sobre la fragilidad de las alas, de la maravilla de la naturaleza que son, pues se sostienen sobre el obstáculo que le ofrece resistencia y se elevan. La idea esencial es que las alas, sin esa fuerza contraria, caerían al suelo como un peso muerto”.

Sobre el montaje de las obras y la elección de las temáticas, compartió:
“La investigación, la preparación teórica y el estudio profundo de los contextos donde se desarrollará la obra es un requerimiento ineludible. Los temas que me interesan abordar son los del hombre en conflicto con otros seres humanos dentro de un contexto social específico, la caoticidad y hostilidad de ese entorno y la descomposición de las relaciones humanas”.

¿Cómo ve Fernando el futuro del teatro bayamés y cubano?
“Es muy difícil visualizar el futuro inmediato. Prefiero decirte cómo no me gustaría que fuera, pues percibo un retorno a la banalización del arte teatral en Cuba. Ocurrió, por ejemplo, en el período especial. Se hicieron obras muy ligeras para ofrecer una mayor cantidad de funciones económicamente viables, y con ello se resintió también la imaginación y el público se conformó con muy poco. Después vino otra tendencia, la de abrir el teatro hacia las comunidades, y aunque algunos grupos mantuvieron un trabajo coherente, científicamente profundo y con resultados, otros lo malentendieron y volvió a imponerse la banalidad. Ahora vuelve a verse este fenómeno: hacer un teatro bien ligero porque los tiempos son comerciales. Eso es un error. Las sociedades de consumo en el mundo tienen grupos de teatro de la mayor profundidad y compromiso artístico y estético, solo que han encontrado dentro de esa vorágine económica e inversionista los mecanismos para proteger una parte de la vida social y de la actividad humana que es también esencial. Es un hecho que ya existen excelentes directores en Cuba haciendo cosas con tendencia al choteo cubano, y aunque eso forma parte de nuestra idiosincrasia, ya se está convirtiendo en una moda, e incluso existen críticos y teatrólogos que empiezan a admirar ese tipo de práctica, y se va constituyendo como una forma válida de hacer teatro. Ese camino va derecho a la banalización y es necesario buscar otras alternativas”.

Sobre su condición insular y el hecho de vivir y crear alejado de los grandes circuitos promocionales, opinó:
“El sentimiento de insularidad ya le atribuye a cualquier artista una limitación, una especie de síndrome. Es normal. Pero para quienes creamos desde las provincias, muchas veces nos sentimos en una isla por partida doble. Afortunadamente, comienzan a vivirse otros tiempos, el desarrollo tecnológico, la propia globalización en su parte positiva va deshaciendo el concepto de isla y ya somos más continentales y menos limitados. Pero la insularidad provinciana sigue afectando en muchos sentidos: la escasa promoción, el silencio crítico, la inexistencia de un público entrenado que valore en su justa medida una propuesta artística de gran calidad. (…) El fatalismo geográfico no es una justificación, sino una realidad. Por eso es tan importante que los grupos giren y den a conocer sus trabajos”.

¿Maestros?  
“Ya mencioné a los llamados reformadores. De todos ellos he incorporado conceptos e ideas, por ejemplo siento un gran respeto por Stanislavski y por los que se inspiraron en sus vivencias. Él es considerado en el mundo como el maestro primario, porque develó secretos de la manera más sencilla y elemental. De Jerzy Grotowski y de Eugenio Barba capté el compromiso y la entrega al arte teatral, la manera de verlo como un sacerdocio, espíritu que he tratado de mantener e inculcarle a los actores (…).  

¿Premios?
“Nuestra filosofía de trabajo se aleja un poco del afán de obtener premios. Somos modestos. Sé que en ciertas ocasiones puede considerarse como un error. Por ejemplo, hicimos un trabajo muy importante en la República Bolivariana de Venezuela, y a algunos actores que éramos miembros de la Uneac se nos otorgó la distinción Mahadahonda. Obtuvimos también un premio de actuación femenina en el año 2007, con la obra Cintas de Seda, otorgado a Yudexi de la Torre, en el Festival de Teatro de Camagüey, así como algunos premios Máscara de Caoba por varias puestas en escena.

¿Proyectos?
“Seguimos trabajando en el completamiento de la Trilogía de las Obsesiones, una saga de tres obras de dramaturgos cubanos que estamos realizando por los 20 años del grupo. Ya hemos realizado dos: Mamá y Noria. La tercera aun está por venir, y aun no hemos decidido su nombre”.

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