“El Santísimo Salvador” acompaña a Bayamo desde 1513.

Estamos próximos a celebrar un aniversario más de una ciudad cubana que ha dado luz a muchos de los próceres que ha tenido este país, además de acontecimientos históricos-sociales trascendentales en el pensamiento revolucionario, dentro y fuera de la patria.  Pero también Bayamo hace 500 años fue evangelizada por nuestros conquistadores, perpetuándose así una gran riqueza espiritual.

El tema es muy relevante todavía hoy, porque tradicionalmente se ha instaurado en ciertos círculos de la comunidad académica cubana y mundial la idea de que la Iglesia Católica fue cómplice del genocidio que los españoles cometieron con las culturas aborígenes. Y es buen momento, después de medio Milenio, para aclarar que, si bien la alta jerarquía eclesiástica pudo, en determinado momento, plegarse a los intereses materialistas de la Corona española (¡la fiebre del oro!); también es verdad que cientos de sacerdotes honestos y amantes de Cristo cumplieron su misión evangelizadora en Cuba y el resto de América, enfrentándose y criticando muchas veces la actitud racista y explotadora de los gobernantes hispánicos. Los casos más conocidos en nuestra Isla son los de Bartolomé de las Casas y Fray Pane, pero no fueron los únicos. No es casual que en 1868, cuando los bayameses conspiraban activamente contra el poder colonial, recibieran la ayuda decidida de muchos representantes del bajo clero, quienes eran en su mayoría criollos y supieron conjugar armoniosamente su obediencia a Dios y su amor por la Patria. Valga la figura del Padre Baptista como ejemplo supremo.

La Iglesia San Salvador, hoy catedral, atesora dentro de su bóveda al Santísimo Salvador de Bayamo, patrón de todos los bayameses, gentilicio que se aplica a quienes han nacido y habitan esta zona. “El Salvador” representa al mismo Jesucristo, como Redentor y Benefactor del mundo.

Los iniciadores de nuestros pueblos y ciudades, como eran cristianos, al fundar ponían al pueblo bajo la protección de Dios, muchas veces por la mediación de uno de los Santos de la liturgia católica, o de la Virgen Madre de Jesucristo.

Diego Velásquez, al establecer en 1513 su segunda población española en Cuba, la pone bajo la protección de “El Salvador”, pensando que la ejecución del  Cacique dominicano Hatuey había sido una liberación y salvación para ellos.

Aunque el título surgió de una interpretación religiosa parcializada de uno de los hechos más tristes y fatales de nuestra historia, posteriormente la población criolla, que creció en Bayamo bajo esta advocación, supo distinguir muy bien lo que es cosa de interés de los hombres de lo que es materia de la divinidad. Los bayameses descubrieron en El Salvador  a Jesús, el Dios amigo; e incluso enarboló su imagen de madera, que presidía el templo como símbolo de la rebeldía justa para salir del yugo opresor.

La imagen fue llevada en hombros de los valientes generales mambises a la manigua, antes del incendio. Los españoles que oprimían al pueblo no podían apoderarse del “salvador del mundo”, que a los efectos locales lo era de la villa bautizada con su nombre; ni tampoco debía permitirse que las llamas de la libertad destruyeran su efigie. Este hecho es una demostración irrefutable de la importancia que los patriotas cubanos, en particular, los de Bayamo, concedían a la protección o intercesión divinas para la causa de la independencia, basados en su ferviente fe católica. La imagen que vemos actualmente presidiendo el templo fue puesta en 1919, al no encontrarse la original, escondida en la manigua durante los años de la “Guerra Grande” (1868-78). Más tarde, en 1940, es hallada la Imagen Mambisa.

El Santísimo Salvador de Bayamo es símbolo de protección, amor y ternura, acaricia cada uno de los bautizos que suceden en su casa, que es lugar de oración, de encuentro privilegiado con Dios para nuestros mayores, y para los creyentes de hoy. Ha sido, y es, lugar predilecto de encuentro con nuestra propia historia, por ser la cuna de las primeras inquietudes patrias de nuestro pueblo. No es ocioso recordar que en la misma pila bautismal donde hoy los infantes bayameses cumplen su primer rito sacro, fue bautizada una pléyade de grandes hombres, entre ellos, Carlos Manuel de Céspedes, Padre de la Patria, y Pedro Figueredo, autor del Himno Nacional de Cuba. En este mismo recinto se bendijo la bandera de La Demajagua, y se efectuó la primera interpretación oficial del canto nacional cubano, un 8 de noviembre de 1868, hechos sin dudas trascendentales para toda la nación.

El día 12 de enero de 1869, cuando los bayameses inmolaban su ciudad para que no fuera recapturada por las tropas coloniales, el templo también se destruyó casi totalmente por las llamas, perdiéndose su rica ornamentación, exponente valioso de nuestra arquitectura del siglo XVII realizado por expertos artesanos bayameses, como los carpinteros Del Socorro, padre e hijo. El día 9 de octubre de 1919, pasados 50 años de encontrarse en ruinas, nuevamente repicaron sus campanas llamando al pueblo a la oración y amor al Señor; después de ser reconstruido, aunque sin el esplendor anterior.

Este 5 de noviembre de 2013, transcurridos 500 años de su fundación, una vez más doblarán los bronces heroicos de la catedral bayamesa, por una ciudad que, como el Ave Fénix, ha sabido renacer de sus cenizas; más digna, plena y comprometida con su pueblo y con su historia. ¡GAUDEAMUS, Bayamo!

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