Una sinfonía fílmica para los 58 años del ICAIC

A 58 años de tomada la 1ra Ley Revolucionaria en el orden cultural, la creación del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográfico, el reto de impulsar “nuevas formas” de interpretar y ver al cine cubano es superior. Muchos son los largos, cortos y mediometrajes de ficción y documentales que ha aportado esa industria a la diáspora, en especial a nuestra cultura audiovisual.

Cada año el Centro Provincial de Cine en nuestro territorio organiza una serie de actividades en advenimiento al aniversario de creado el ICAIC, institución cultural que viera la luz por ves primera el, ya un tanto lejano, 24 de marzo de 1959, a pocos meses de haber triunfado la Revolución Cubana.

Para beneplácito de los amantes del 7mo arte, el espacio “Noche de Cine Cubano”, que se realiza simultáneamente todas las semanas en cada cine municipal, ofrece un ciclo temático especializado que titulamos Historias filmadas por el lente del ICAIC, en honor de agasajar los 58 años de creada la industria cinematográfica cubana.

Historias filmadas por el lente del ICAIC, propone una muestra de lo mas entrañable y significativo producido por nuestra industria fílmica.

El ciclo está compuesto por los siguientes filmes: Cuba baila, Las doce sillas, Lista de espera y Miel para Oshún.

Comienza esta sinfonía inconclusa del cine cubano, como dijera el crítico de arte Frank Padrón Nodarse, con el largometraje de ficción Cuba Baila, dirigido por el cineasta Julio García Espinosa, quien además de ser un consagrado realizador, fue por muchos lustros presidente del ICAIC. Esta cinta del año 1960, es el 2do largometraje producido por el incipiente ICAIC, expone en su tesis filmo narrativa, los conflictos de una madre que desea, más allá de sus posibilidades, organizar la mejor de las fiestas para su hija cuando esta cumple 15 años. Cuenta con las actuaciones de Raquel Revuelta, Alfredo Perojo, Vivian Gude, Humberto García Espinosa, entre otros.

Cuba baila, a decir del intelectual cubano Ambrosio Fornet: “inauguró una corriente temática que todavía no parece haberse agotado. Desde el punto de vista estilístico, paga tributo al neorrealismo, no solo por la formación académica de su director, sino también, porque en ese momento, los años 60, tiempo de tanteos y urgencias expresivas la estética neorrealista parecía indicar un camino, dado su estrecho vínculo con la realidad inmediata, lo que a su vez se traducía en formas de producción menos costosas y en una dramaturgia ajena a lo espectacular”.

La ópera prima de Julio García Espinosa, insinúa una voz que asume la herencia de la comedia, forjando un nuevo tipo, las que ahora llamamos “comedias costumbristas”, donde el humor y la música contribuyen a poner de manifiesto la intención de la crítica social (ejemplificada en los 80 en los filmes de Juan Carlos Tabío), dirigidas hacia formas de conductas pequeñoburguesas y colonizadoras. Este films aparece en la cuarta posición entre las películas cubanas más populares de todos los tiempos con 1,2 millones de espectadores.

La segunda nota de esta partitura fílmica, es el largometraje de ficción Las doce sillas, dirigido en 1962 por Tomás Gutiérrez Alea (Titón). Esta cinta está basada en la novela homónima de los escritores soviéticos Ilya Ilf y Eugene Petrov, y con el guión del propio Titón y del escritor uruguayo-venezolano Ugo Ulive.

Esta película tiene como argumento la historia de un aristócrata y su ex chofer, que buscan una silla donde están escondidos los brillantes de la familia. En abierta competencia con el cura del pueblo, enterado del secreto, los personajes atraviesan las más imprevistas situaciones ya que las sillas han sido subastadas por el Ministerio de Recuperación de Valores y se encuentran en distintas manos.

Con un metraje de 97 min. y rodada en 35 mm, esta obra de la cinematografía mundial, contó con las certeras actuaciones de Enrique Santiesteban, Reynaldo Miravalles, René Sánchez, Silvia Planas, entre otros artistas.

Las doce sillas, como en toda la vasta obra de Titón, estamos ante un cine de autor, reconocerlo implica el culto a lo más significativo y ponderante del género de la comedia cubana y como Julio, con notables influencias del neorrealismo, pues, este gran cineasta se formó también en Roma. Pionero en Cuba en crear, mediante su sólida tendencia estilística, cánones en esa corriente fílmica que inculcó en Juan Carlos Tabío, Gerardo Chijona y que constituye hoy un respetable estandarte de nuestro cine cubano: la comedia.

A partir de esta cinta, según el critico de cine Joel del Río: “Titón manifiesta su tendencia a conformar retratos coloquiales de la condición humana, inspirados sobre todo en Luis Buñuel, en la heterodoxia nuevaolera y en el humanismo neorrealista”.

Continuamos el compás, a otro pentagrama audiovisual, ahora filmado por Juan Carlos Tabío Rey, la siempre aclamada Lista de espera. Esta producción audiovisual de 106 min. Fue estrenada en los albores de un nuevo milenio, en el año 2000.Ocurriendo, luego de esta cinta, una ruptura con el posicionamiento de nuestro cine nacional ante las historias y tradiciones del mismo, marcando un hito con la exhibición de esta, también comedia, con cuidadosísima delineación de género, propuesta estética y tendencia.

Mediante un cosmos de ficción-realidad, tempo-espacio, se desarrollan las tramas de esta película. En una Terminal, de un lugar nunca precisado, cerca de la costa, presumiblemente en alguna provincia central del archipiélago cubano, un grupo grande y heterogéneo de personas espera para viajar unos hacia La Habana y otros hacia Santiago de Cuba. Estos “viajeros” marionetas de sus destinos tratan de buscar soluciones desproblematizadas y utópicas, a los conflictos que surgen en la estancia en esa terminal.

Lista de espera, película valiente, fresca y coral contó con un envidiable staff artístico compuesto por Jorge Perugorría, Coralita Veloz, Thaimí Alvariño, Alina Rodríguez, Vlidimir Cruz, entre otros que han marcado notables pautas en las grandes pantallas nacionales y foráneas.

Es preciso destacar y demostrar, que esta cinta de Tabío ostenta casi todas las variantes posibles de la transtextualidad cinematográfica, clasificadas por el teórico francés, Gerard Genette considerado, Padre de la narratología:

- Intertextualidad: el filme se basa en un cuento homónimo del escritor cubano Arturo Arango. (El cual junto al propio Tabío escriben a dos manos el guión de esta cinta.)

-Hipertextualidad: se transforma, modifica y reelabora una escena clave de Fresa y Chocolate: el almuerzo lezamiano, y toman parte de la reelaboración dos de los actores que participan en aquella película mítica, así se rinde homenaje a Titón, por medio de él a Lezama y a toda la cultura cubana.

-Architextualidad: pertenencia clara al género de la comedia crítica de costumbres, junto con La muerte de un burócrata o Plaff, entre muchas otras.

- Metatextualidad: se comenta un texto fílmico anterior como la muy simbólica El ángel exterminador, donde un grupo de burgueses y pequeño burgueses se ven atrapados en un palacete por razones que el filme nunca aclara.

Constituye ese filme una digna combinación entre lo cómico y lo trágico, refrescando al sediento espectador cubano.

En los últimos acordes de esta sinfonía proponemos el 1er filme cubano “hecho” con tecnología digital, el elocuente Miel para Oshún, del creador del Festival del Cine Pobre, el cineasta Humberto Solás, prestigioso y afable artífice de las luces y las sombras de los sonidos y los silencios.

Esta cinta del año 2001, primogénita de las tecnologías de la nueva era, expone la historia de Roberto, el protagonista, que fue arrancado de las manos de su madre y llevado ilegalmente para los EUA. Ahora, ya adulto, regresa a la isla, ha reencontrase con su Patria, su s raíces y con su madre.

El argumento de esta trama pone al reivindicado Roberto, interpretado por Jorge Perugorría, a hacer un viaje desde La Habana hasta Baracoa (Guantámano) en busca de la materialización de su sueño y cerrar capítulo pertinaz en su historia de vida. Al ser de esta forma este films se convierte en la 2da “road movie” (película de carretera) filmada en nuestro país, bajo nuestra industria. Si la “road movie” predecesora fuera Guantanamera, de Titón y Tabío, describía el viaje hacia el reposo definitivo, desde el interior de Cuba hasta la capital, Miel para Oshún prefirió recorrer la travesía de manera contraria, desde la capital hasta lo más intrincado de la isla, en busca de las fuentes nutricias.

El elenco, a demás del consagrado Perugorría, se completó con Adela Legrá, Isabel Santos y Mario Limonta, imprescindibles del cine de Solás, entre otros actores y actrices.

Percibo que la sinfonía debe acabar o al menos tener un intermezzo, muchas son las notas, los acordes, que en inacabado pentagrama pudiera plasmar: así fue, es y continuará siendo nuestro ICAIC. Recuerdo en este instante la euforia magnánima que sentí la primera vez que pisé dicha institución, sentía que volvía a nacer y estar en ese templo sagrado del cine cubano y experimentar esa noble e inmensa sensación no era solo casualidad. Para felicidad mía nací cuando el ICAIC soplaba sus 31 velitas, el mismo día, primer hermoso regalo que me hacía la vida y por ende mi madre.

Ya han pasado 27 años desde ese día, el cine cada día se reinventa, como cada nuevo amanecer, amigos coetáneos, escriben y filman desde dentro y fuera del emblemático edificio donde caminó, a decir de mi gran amigo Leandro de la Rosa: Alfredo, Titón, Solás, Julio, y muchos otros fascinadores de nuestro sueño.

Hoy, podemos apreciar desde la pantalla grande de nuestros cines, esas historias, marcadas por sus épocas, víctimas o resultados de momentos cruciales de nuestras prácticas histórico- sociales. Más el cine, como medio eficaz y subjetivo, de exponer, provocar y dilucidar sensaciones continúa ofreciendo recuerdos, levantando olvidos o haciendo guiño a la nostalgia.

Hemos querido ofrecer esta “sinfonía”, en espera de que no sean solamente nuestros violines los que se escuchen, sino que podamos disfrutar de recibir en nuestras salas oscuras a deseosas y deseosos, de reír y tirar un pasillito con Cuba Baila. De encontrar más allá de Las 12 sillas un recuerdo o añoranza por un pasado que ya no está. O reírnos de nosotros mismos en una Lista de Espera que no llega y comenzar a fantasear. Pero, tal vez, afloren lágrimas en nuestros ojos a redescubrir en Miel para Oshún una mujer-madre-patria, que espera acortar todo lo que le fue sustraído en un abrazo.

Más allá de los simbolismos cinematográficos y de destacar las especialidades de los staff técnicos de cada cinta propuesta, siento el clamor de que esta opción y para algunos, propuesta de felicidad, no debe tener un “The End” al estilo Holywoodense ni el más sencillo “Fin” cubano, pues nuestros violines seguirán marcando el ritmo del ICAIC y sus historias…

Sobre el autor:
Yamey González Escalona Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
Comunicadora del Departamento de Comunicación Cultural Ventana Sur
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