La pesa: días de dolor y muerte en Bayamo.

Durante la heroica lucha del pueblo de Bayamo contra la tiranía de Batista, los vecinos vivieron el triste espectáculo de la ocupación militar de dependencias de la famosa Feria de Exposición Ganadera, situada a un kilómetro de la urbe, en la carretera hacia Santiago de Cuba, durante el verano de 1957. De la noche a la mañana un área que estaba destinada a la exhibición de los mejores ejemplares de crías de animales, se convirtió en cuartel de cientos de oficiales y soldados, depósito de armamentos, emplazamiento de ametralladoras, bazookas y cañones, base de tanques y tanquetas, plataforma de heliómetros, hospital y seis galeras para presos.

El 1º de septiembre de 1957, oficialmente, se instaló allí el Puesto de Mando de la Zona de Operaciones de la Sierra Maestra, que anteriormente se encontraba en el poblado de Maffo, con la misión de exterminar. Algunas compañías se posicionaron en puntos estratégicos de la ciudad, incluso en partes del cuartel Carlos Manuel de Céspedes. Una ola de persecuciones y prisiones se desató  contra los revolucionarios de Bayamo, El Dátil, Bueycito, Buey Arriba, Mabay, Río Cauto, El Horno, Guisa, Santa Rita, Charco Redondo, Jiguaní, Baire y Contramestre, entre otros puntos  de la región del valle del Cauto. Los detenidos fueron sometidos a los más “refinados” métodos de tortura y muerte, desde sacar las uñas con pinzas hasta los cables eléctricos.

No bastaban los calabozos de las unidades castrenses para las orgías de dolor y sangre. Por eso, los esbirros ocuparon el basculador de Bayamo, conocido como La Pesa, instalado a pocos metros del Puesto de Mando. Este era un bascular  de puentes para camiones, utilizado en el pesaje de productos y materiales. El foso del mismo estaba construido de vigas y hormigón, con un área de diez metros por tres y seis puntos  de apoyo. Contaba con cuatro células de cargas y el visor de la báscula. En dicho lugar interrogaban a las víctimas sumergiéndolas en agua negra y pestilente. La siniestra idea provino del jefe de Operaciones, el teniente coronel Merob Sosa García, quien intervenía directamente en las torturas. Su placer consistía en desbaratar a puñetazos los ojos de los indefensos.

El mayor dolor en una familia era conocer que el detenido había sido trasladado a La Pesa, lo cual significó, desde entonces, vivir las peores escenas de la vida y, en muchísimos casos, la muerte. Todos los jefes que dirigieron el Puesto de Mando hicieron un amplio uso  de La Pesa, desde el teniente coronel Cándido Curbelo del Sol, los coroneles Manuel Ugalde Carrillo y Rafael García, hasta el general Eulogio Cantillo. Entre los más connotados esbirros estuvieron los tenientes coroneles Merob Sosa y Ricardo Luis Grao, los capitanes Caridad Fernández y Pedro Morejón, el teniente Gregorio Sánchez, conocido por Mano Negra, y el sargento Juan Salmerón.

Pero asociada al crimen apareció en Bayamo la siniestra figura de Martha Reyes, quien ganó el apelativo de La Coronela por sus estrechos contactos con la jefatura del Puesto de Mando. Toda la jauría batistiana quería ganar dinero mediante la violencia. Por ello utilizaron a esta fémina para que extorsionara a las familias de los presos. Ella les solicitaba cientos de pesos y prometía interceder con el fin de “liberarlos”. Para ganar credibilidad se dejaban en libertad algunos de los detenidos, sobre todo a los sospechosos, pero  a aquellos que se les probaba su militancia revolucionaria los mataban a golpes o los ahogaban en La Pesa.

De esta locación se cuentan páginas negras en Bayamo y sus contornos. Algunos revolucionarios salían amarillos y demacrados después de tres o cuatro días de encierro, con el cuerpo marcado por la huella de la tortura; otros solo lo hacían para ser asesinados y arrojados en los matorrales y callejones de Bayamo, Santa Rita y El Dátil. El médico José Reyes Borges encontró en los zapatos  de una  de las víctimas, el jiguanicero Emilio González, un escrito que denunciaba a sus asesinos, y donde se certificaba además: “Somos once y estamos en La Pesa.” Aun cuando la denuncia fue entregada a un juez, no se pudo hacer justicia. Todavía hoy no se conoce el destino final de muchos jóvenes que hasta allí fueron conducidos, porque los desaparecieron. Es difícil componer la lista de todos los revolucionarios que pasaron por esa mazmorra de la muerte.

Pero ni las más bárbaras torturas, ni la terrible experiencia de La Pesa, ni la jauría del Puesto de Mando, doblegó el espíritu de lucha de un pueblo dispuesto a todos los sacrificios por llevar adelante los ideales de la Revolución del Moncada, el Granma y la Sierra Maestra. De la madera de los héroes estaban forjados los verdaderos seguidores del Comandante en Jefe Fidel Castro, el máximo impulsor de los sueños de justicia, igualdad y democracia de los cubanos.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Browse top selling WordPress Themes & Templates on ThemeForest. This list updates every week with the top selling and best WordPress Themes www.bigtheme.net/wordpress/themeforest

Autenticarse