Vuelve a cantar “La Calandria”

Mi primer encuentro con la obra de Úrsula Céspedes de Escanaverino ocurrió cuando era estudiante del preuniversitario, Estela Marina Pérez Corría me facilitó copias de sus poesías, ya que sentía especial admiración por “La Calandria” al ser las dos bayamesas, poetisas y maestras.

Años más tarde, ya graduada de Licenciatura en Letras, investigué la obra de autores bayameses, para ello conté con el apoyo de Enrique Orlando Lacalle y Zauquets, primer historiador de Bayamo, gran admirador de la poetisa, que insistía en la necesidad de reeditar su obra para que las nuevas generaciones la conocieran. Por suerte, este sueño se hace realidad con la publicación del libro para conmemorar los 500 años de la fundación de la Villa de San Salvador de Bayamo.

Úrsula Céspedes y Orellano nace en Bayamo, en la finca Guajacabito el 21 de octubre de 1832, (bautizada, según Lacalle, el 3 de diciembre de 1831) hija de D. Manuel Céspedes y Dña. Bárbara Orellano. Como era la costumbre entonces, realizó los estudios primarios en su hogar. En 1854 viaja a Villa Clara y conoce a Ginés de Escanaverino. En 1855 él viene a Bayamo y funda el periódico La Regeneración. El 4 de diciembre de 1857 contraen matrimonio en Bayamo. Fruto de esa unión fueron sus hijos Luisa, Andrés y Antonio.
En 1858 ella se gradúa de maestra y funda junto a su esposo la Academia “Santa Úrsula” para la enseñanza femenina donde puso en práctica formas consideradas novedosas para su educar tiempo.
Desde 1863- 1865 residen en La Habana. Más tarde su esposo obtiene el cargo de Director de la Escuela Superior para Varones en San Cristóbal, Pinar del Río y ella se desempeña como maestra de una escuela primaria que existía en el mismo lugar.
En la Guerra de 1868, Úrsula pierde cuatro hermanos (Pedro, Leonardo, Manuel y Francisco Céspedes) que se habían incorporado con Carlos Manuel de Céspedes a luchar por la independencia. Su padre es condenado a prisión y confiscados sus bienes. La persecución desatada contra su familia la lleva a trasladarse a Santa Isabel de las Lajas donde fallece el 2 de noviembre de 1874.
Úrsula Céspedes de Escanaverino logró el reconocimiento de sus contemporáneos como maestra y como escritora. No sólo escribió poesía sino que cultivó la prosa (artículos, cuentos, novelas) lamentablemente perdidos.
Sus primeros poemas fueron publicados en Semanario Cubano (1855) y El Redactor de Santiago de Cuba. Colaboró en importantes publicaciones de la época La Regeneración (Bayamo); La Antorcha (Manzanillo) ; La Alborada y Eco de Villa Clara (Villaclara); El Fomento y Hoja Económica de Cienfuegos (Cienfuegos); Correo de Trinidad, La Abeja (Trinidad); La Prensa, El Kaleidoscopio, La Idea, Cuba Literaria (La Habana); La Moda Elegante (Cádiz, España). Utilizó los seudónimos “La Serrana” y “Carlos Enrique Alba”.
Su primer libro Ecos de la Selva (1861) fue prologado por Carlos Manuel de Céspedes en el que reconoce sus valores literarios y la nombra “La Calandria”. Pudiéramos preguntar por qué razón Céspedes la llama Calandria y no Alondra si el significado es el mismo, pero él se percata de cuál es el término más afín a nuestra zona. Úrsula refleja en su obra la naturaleza cubana, la flora y la fauna del lugar donde nació y se formó. Lugares naturales y humildes que describe con singularidad en su poesía reflejándolos como son, hermosos pero sin artificios.
El segundo libro de Úrsula Céspedes fue Cantos postreros, aparece después de su fallecimiento en una reducida edición que Ginés de Escanaverino obsequió a familiares y amigos. Lamentablemente no hemos podido consultar esta publicación.
Úrsula Céspedes de Escanaverino fue muy reconocida en su tiempo, tuvo amistad con El Cucalambé a quien dedicó su poema “El Bibiribí” y disfrutó de la amistad y el reconocimiento de Luisa Pérez de Zambrana quien le dedicó un bello y extenso poema:
……………………………………………….
Y al ver la prodigiosa analogía
que vincula mi historia con tu historia
llena de sencillez y poesía,
te consagro esta pálida memoria.
Memoria cariñosa de una hermana
que de admirarte desde acá no cesa;
tributo de la tímida Cubana
a la hermosa y sensible Bayamesa.
Que ambas debemos con pasión amarnos
porque nacimos entre selva agreste,
y hermanas ambas con placer llamarnos,
que ambas amamos el hogar campestre.
Y hermana, sí, con emoción te llamo
aunque á los cielos como tú no suba,
y aunque eres hija del feraz Bayamo
y yo soy hija de la fértil Cuba.
Pues cuando llena de inefable gozo
devoraba tu hermosa poesía,
con sorpresa y dulcísimo alborozo
miraba que tu historia era la mía.
Y de tu infancia cándida leyendo
la candorosa y virginal memoria
iban mis labios con placer sonriendo,
porque era, Ursula, mi misma historia.
¡Oh! Canta siempre tu niñez florida,
canta la luna y su amoroso lampo,
y repite entusiasta y conmovida:
“¡Feliz mil veces quien nació en el campo!”.
…………………………………………………
(A la Srta. Da. Úrsula Céspedes)
A pesar de la trascendencia de su obra, con ella ha pasado algo singular que la ha dejado detenida en el tiempo y a mi modo de ver es el etiquetamiento de que ha sido víctima, pues la mayoría de los autores que se han acercado a su obra insisten en remarcar cierta dejadez o descuido en sus composiciones, basados en las observaciones de Céspedes en el prólogo a Ecos de la selva. Pero recordemos es este su primer libro y que luego escribirá poemas de mejor factura. La dispersión de su obra contribuye a que se le juzgue de esta manera. Esta primera edición de sus poemas en Bayamo ayuda a hacerle justicia.
Úrsula Céspedes tuvo una corta vida, pero en su obra canta lo que conoce, lo que siente, con los términos y formas que maneja en su habla cotidiana. Es sencilla y natural como el arroyo y las mariposas que canta en su poesía, como la flora cubana que describe con poética en su prosa. Ella trabaja con los moldes que conoce (silvas, romances, sonetos, décimas) y aborda temas a mi modo de ver singulares para su tiempo (recordemos sus poemas “La calle” y “El sordo”. Hay en su poesía costumbrismo y una fina jocosidad tan natural en nuestra idiosincrasia, ejemplo de ello son sus poemas “El Bibiribí”, “Los celos de la bayamesa”, “Consejos de un guajiro”, entre otros.
Encontramos poemas elegíacos que la acercan a la obra de Luisa Pérez de Zambrana pero cada una en su cuerda, en su dimensión, en su agudeza. Toda comparación nos lleva a cierto grado de injusticia y por ello no voy a comparar a Úrsula con La Avellaneda y con Luisa, pues ya eso lo hizo magistralmente Martí. Cada una por sus razones, trascendencia, formación, circunstancias de su vida, temperamento, logra brillar formando las tres una constelación maravillosa para bien de la poesía y de la Cultura Cubana.
Para que existan las altas cumbres, deben coexistir las leves colinas, las llanuras. Para que reine la palma y los árboles majestuosos deben existir la yerba, las flores silvestres y diminutas, las campanillas de nácar que hacen cristalina la miel, además de embellecer, de perfumar el paisaje y sobre las cuales casi nunca nos inclinamos a contemplar de cerca su delicada belleza. Como esas flores silvestres y naturales es la poesía de Úrsula Céspedes de Escanaverino, detengamos el paso un instante para valorar, en su justa medida, su exquisita belleza, y escuchemos, en la ya tenue luz del atardecer, sobre las márgenes del Bayamo o del Bibiribí el canto de “La Calandria”.

 

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Browse top selling WordPress Themes & Templates on ThemeForest. This list updates every week with the top selling and best WordPress Themes www.bigtheme.net/wordpress/themeforest

Autenticarse