Máximo Gómez Báez, la página de hijo adoptivo de Bayamo

En la historia de América y, en particular de República Dominicana y de Cuba, Máximo Gómez Báez ocupa un lugar relevante por sus proezas militares, llevadas a cabo en las luchas emancipadoras de  la segunda mitad del siglo XIX. En estas homéricas empresas adquirió títulos y calificativos de mucha valía, entre ellas las de Genio Militar, Maestro de Estrategas, El Viejo, El Generalísimo, el Napoleón de las Guerrillas y el General del Pueblo.

En julio de 1865 llegó a Cuba, con veintinueve años de edad, como parte de las reservas dominicanas, derrotadas y exiliadas, por su apoyo a la fracasada restauración española en Santo Domingo. Por esos azares del destino, unos meses después pasó a la villa y puerto real de Manzanillo, donde trabajó en varios ingenios de esta comarca. Por conflictos con los esclavistas y racistas de esta población tuvo que trasladar la residencia al caserío de El Dátil, a cinco kilómetros al sur de Bayamo.

Junto a los patriotas bayameses, el joven dominicano encontró el modo más honroso de servir a un pueblo noble y trabajador. Ingresó en la conspiración independentista. Pero no fue una transfiguración exenta de peligros. En unas notas autobiográficas Gómez planteaba: “Fue a partir de entonces cuando conocí la vida del campo, y me relacioné con la conspiración, aunque un momento de peligro corrió por mi vida: el hecho de haber ido yo con los españoles a Cuba fue causa para que las autoridades vigilaran todos mis pasos; pero aquella fe y entusiasmo de mis 25 años incendiaron mi espíritu de patriota”.

Pero una vez superadas estas dudas, los dirigentes de la conspiración lo emplearon para reclutar y adiestrar hombres en las fincas El Corojo y San José en la zona del partido de El Dátil.

Llegó al fin el alzamiento del 10 de octubre de 1868 y con la luz de La Demajagua  la hora de la justicia y las vindicaciones de la lucha. De este momento Gómez escribió: “Mi cuerpo y alma se levantan de manera abnegada y comienza la lucha por la defensa de la Revolución”. El 16 de octubre de 1868 marcó  su vida y la de la Revolución, cuando puso su talento y su brazo a favor del separatismo de los cubanos.
 
Desde este momento el movimiento revolucionario contó con el jefe militar indiscutido, capaz de preparar un ejército popular y aguerrido y de enfrentarse al enemigo con extraordinarias posibilidades de triunfo.

El historial del general Máximo Gómez durante los treinta años de guerra contra el coloniaje español es uno de los más impresionantes y aleccionadores de la epopeya. El mando insurrecto encontró en él a un soldado disciplinado, audaz y creativo en el arte de la guerra. Nadie se asombraba de que tomara parte decisiva en sucesos claves. Bajo su dirección se formaron grandes estrategas  militares y se foguerearon varias generaciones de cubanos. En horas cruciales brindó atinados consejos políticos. Nunca dejó de ser un humanista y un confesó militante del partido independentista radical.  Su vida sigue estando necesitada de viaje a la historia y revelarla con más hondura y frecuencia a los ojos vivaces de la curiosidad y la grandeza de los hombres-luces del ayer.  

La extraordinaria vida de Gómez es orgullo de la nación cubana. Prácticamente peleó en todas las regiones de Cuba. Cada región y localidad muestran un sano orgullo de mostrar la presencia de Gómez en sus lares, sin olvidar casi ningún detalle. Pero todo el mundo reconocía que el ilustre dominicano se empinó para Cuba desde la hirviente tierra bayamesa.

En los sondeos a Gómez no pueden faltar el bien que los bayameses hicieron al proscrito, donde forjó lazos de fraternidad con patricios liberales y amantes de la independencia. En Bayamo encontró un ambiente capaz de enrumbarlo por la obra del bien patrio y de amar como nunca la felicidad de los pueblos sudamericanos. Llevó calma a su ánimo el repensar sus idearios y ponerlos en las sendas de la humildad, la bondad y la hidalguía cívica. Entonces en el señorío revolucionario de aquellos gallardos hombres llegó la hora de la contrición y la condena de los errores pasados. Permeó su mente las hazañas de Bolívar, San Martín y Morelos. Nacía  el hombre nuevo, dispuesto a poner su mente y su brazo al servicio de la libertad cubana. Sin dudas, fue el segundo nacimiento de Gómez, el de su entrada en el linaje de los héroes de la patria americana.  

Todas estas verdades y muchas otras la tuvieron presentes los bayameses en los comienzos del siglo XX, cuando batallaban políticamente para que el general Gómez, toda una leyenda,  fuese exaltado al puesto de presidente de la República Cubana. En tanto este momento llegarse, los gobernantes del valle del Cauto tomaron una hermosa decisión. Así, el 15 de agosto de 1901 declararon a tan insigne personaje Hijo Adoptivo de Bayamo.

La moción fue presentada por el concejal del ayuntamiento de Bayamo, el capitán mambí Benjamín Tamayo Fonseca. Leyó una sinopsis de unas tres cuartillas, que le consumió unos diez minutos. Cuando concluyó los ánimos estaban ardientes, inquietos y hasta delirantes.  Los del consistorio acogían la propuesta con inequívocas muestras de satisfacción. Era lo más justo, lo más correcto con un hombre de su talla moral y revolucionaria. Nadie distendió. Por unanimidad Gómez se coinvirtió en otro hijo de la Cuna de la Independencia, en un importante referente de su aporte a la nacionalidad cubana.

El capitán Benjamín Tamayo señaló ese día que había gratitudes tan graves e inmensas que todo pudiera parecer pálido ante el beneficio recibido. Defendía el orgullo de los pueblos, como el de Bayamo, de constar entre sus hijos a ciertos seres predestinados a cooperar a su dignificación, pero la historia, como memoria eterna que queda de los hechos, convertía en imperecedera la gratitud de ellos.  

Decía que entre sus muchos hijos, mártires unos, héroes y jamás olvidados los otros, descollaba una figura grande, rodeada de cierta aureola de gloria inmortal que, aunque de nacionalidad extranjera, vio la luz del día para amar a Cuba, sacrificarlo todo por ella y ser nuestro padre y director en la contienda armada. Esa figura era fácil de adivinar, por ser vencedor de cien combates.

Fue entonces que reveló que se trataba del incansable general Máximo Gómez, cuya historia  interminable de hechos  obligaban al pueblo cubano a tenerle como a uno de sus mejores hijos, aunque la  maldad haya tratado de eclipsarlo. Pero recalcó que esta hermosa patria también siempre existirán corazones nobles que bendijesen sus virtudes.

Destacó que desde 1867 vivió Máximo Gómez en El Dátil, es decir, dentro de la sociedad bayamesa, como uno de sus más correctos y honrados convecinos. Tras el memorable Grito de La Demajagua, se alistó en las huestes de la estrella solitaria, cual sí hubiera sido el primer hijo de este venerado pueblo. Sus primeros sacrificios y peligros fueron en Bayamo, sus primeros gritos de libertad también aquí y sus primeras ilusiones de Cuba.

De acuerdo al tribuno  estos constituían hechos más que suficientes para que pudiese la ciudad santa de Bayamo, estampar orgullosa el glorioso nombre de Máximo Gómez Báez en sus no menos gloriosas y ennegrecidas ruinas.

Declararlo Hijo Adoptivo de Bayamo fue el modo que encontraron los bayameses de  patentizarle su amor y el afecto sincero que sentía por el general Gómez. Estaban conscientes de que tal título no sólo honraba al excelso dominicano, sino también que sería orgullo y satisfacción para todos los habitantes del valle del Cauto.

Pero con este suceso no concluyó la admiración de los bayameses por el gran estratega. Llamativamente, el 23 de abril de 1942 la Delegación de Veteranos de Bayamo durante una de sus asambleas acordó solicitar al Gobierno Municipal de Bayamo la designación como Hijo Adoptivo de esta ciudad al generalísimo Máximo Gómez, en mérito a los grandes servicios prestados a la Patria.

El 4 de mayo el concejal Pedro Leal Figueredo en la corporación municipal exaltó la memoria del generalísimo Máximo Gómez y concluyó pidiendo que se tomara el acuerdo que solicitaban los veteranos de la independencia.

El concejal Armando Díaz Quintero intervino para exaltar las virtudes de Gómez y dar su voto a favor de la petición. Pero solicitó que no se olvidasen de  otro dominicano ilustre, al mayor general Luis Marcano, que al igual que su compatriota, lo dio todo por la causa de la libertad de Cuba.

De este modo, por unanimidad, los generales Máximo Gómez y Luis Marcano Álvarez ingresaron en la honrosa lista de Hijos Adoptivos de Bayamo, como homenaje póstumo.

Así pensaban y actuaban los bayameses en la primera mitad del siglo XX, viendo en el general Gómez un extraordinario revolucionario, un patriota íntegro, un internacionalista sincero, un antiimperialista a carta cabal, en fin, un ejemplo vivo para las posteriores generaciones de cubanos que, hoy, en la Cuba socialista, aman su historia y sus nobles figuras del ayer.

 

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