Mi Bayamo: El de ayer y el de hoy.

¿Cómo serían aquellas llanuras de hace más de cinco siglos en la comarca que hoy se conoce con el nombre de Bayamo? ¿Qué imagen ofrecían los inmensos bosques que pintaban de luces y colores esta zona de lo que es hoy la Ciudad Monumento Nacional? ¿Cómo sería aquel sonido emitido por las aves de todas las especies en cada amanecer y cuáles serían las flores que emanaban sus olores? ¿Qué sinuosas formas tendría el río que antes y ahora sigue siendo un símbolo de esta zona de la ahora provincia de Granma? Y los seres humanos, ¿cómo serían aquellos aborígenes de los que solo tenemos descripciones procedentes de los colonizadores? Son elucubraciones que surgen ante el nuevo aniversario de la fundación española de Bayamo, donde los ibéricos encontraron un importante asentamiento aborigen. Desde aquel entonces han transcurrido nada más y nada menos que 503 años, por lo que Bayamo es una de las ciudades más antiguas de América.

Hoy, el pensamiento nos lleva a recordar a aquellos que han tenido la honra de nacer en esta comunidad, que, con el paso de los años, ha ido creciendo para bien de todos.
Los bayameses, mediterráneos por decisión de la naturaleza, llevan los símbolos locales por cualquier sitio del mundo que visitan o donde residen de manera temporal o definitiva. Escuchar el nombre de Bayamo provoca un sentimiento que se mezcla con la dignidad, el patriotismo, el amor, porque está indisolublemente ligado a la historia de la patria.
Son más de quinientos años, medio milenio, espacio de tiempo en el que se ha enraizado la “bayamesidad” de una manera tal que no hay quien pueda despojarse de ella.
Bayamo, además de ser un pueblo laborioso, amistoso, es también cruce de caminos, porque une, cohesiona y se erige como valladar para la defensa de la cultura que ha creado.
Si para un cubano escuchar el Himno Nacional constituye motivo de emoción patriótica, ¿entonces cómo se manifestará ese sentimiento al escucharlo un bayamés sabedor de su origen? Y junto a ese símbolo de los cubanos, Bayamo dio hombres y mujeres que han dado ejemplos extraordinarios por su pensamiento y acción: Carlos Manuel de Céspedes, Francisco Vicente Aguilera, Perucho Figueredo, José Joaquín Palma, Francisco Maceo Osorio, Manuel Muñoz Cedeño, José Antonio Saco, Juan Clemente Zenea y Tristán de Jesús Medina, entre otros, son parte de una pléyade inolvidable que marcan de manera definitiva nuestras vidas.
Bayamo tiene presentes también a Vicente Quesada, Abighaíl González, Lorenzo Véliz, Rubén Nogueras, Mardonio Hechavarría, los hermanos Lotti, Mario Alarcón, Gilberto López Bosch y a otros tantos asesinados por la dictadura batistiana. Es momento para el recuento y este no podría hacerse sin mencionar a alguien que llegó de otros lares, pero aquí forjó sentimientos y amor por Bayamo: Enrique Orlando Lacalle y Zouquet, su primer historiador. Con sano orgullo llevamos en el alma la canción La Bayamesa, un homenaje a Luz Vázquez, que se transmite de generación en generación a todas las mujeres de la ciudad.
Así, con una historia que se escribe de manera cotidiana, Bayamo tiene la Plaza de la Revolución, la Plaza del Himno Nacional, la Plaza de la Patria, el Paseo General García, el Retablo de los Héroes y el Parque Museo Ñico López.
La ciudad se ama porque se deja amar; da nombre a los que nacen en ella, y es simiente y orgullo. Celebramos 503 años de una ciudad que en cada amanecer pinta junto a sus habitantes el paisaje más hermoso: el del futuro.

 

Etiquetas: Bayamo

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