La quema de la ciudad de Bayamo

Desde que la ciudad de Bayamo cayó en poder de los revolucionarios cubanos, el 20 de octubre de 1868 se desarrolló una intensa actividad militar en torno de su defensa por los independentistas u ocupación por los españoles. La defensa de la misma quedó demostrada en los continuos rechazos a los intentos españoles de recuperar la plaza, en el asedio a sus fuerzas en las marchas así como en los ataques de los independentistas a distintos centros poblacionales y fortificaciones.

Cementerio Santa Ana

La capacidad de enterrar cadáveres en el cementerio San Juan estaba en correspondencia con la tasa de mortalidad que existía en la ciudad, unas quinientas personas anuales. En épocas de epidemias se elevaba la mortalidad y se creaba un problema de salubridad por la falta de espacio. Su ampliación, en la década del '50, resultaba ya imposible. El crecimiento urbanístico de la ciudad había provocado que sus perímetros se encontraran rodeados de viviendas. Como solución a esta problemática y se construyó el cementerio de Santa Ana en “la Ermita de Santa. Ana, nombrado de los coléricos, por haberse proyectado para sepultar las víctimas que en 1852 causara la epidemia del cólera morbo”.[1]

La caja de cristal

El 9 de mayo de 1995 Bayamo vio por vez primera una señal televisiva originada en su propio territorio. No era el remoto de un juego de pelota o un acto por alguna fecha relevante; y todos estaban a la expectativa. De pronto, ¡imágenes en la caja de cristal! Algunas, perdían el sincronismo, otras mostraban rasgos de lienzo impresionista, ruidos y nervios de locutores e invitados. Pero, al fin, era una imagen nuestra, auténtica y granmense.

A propósito de Zenea como prosista y crítico literario (Fragmento)

"Es cuestión de justicia reconocer y proclamar la condición de periodista que alentaba en Juan Clemente Zenea"1, encomiaba en una tesis presentada a la Fundación Piedad Zenea hacia 1925, María Gómez Carbonell, biógrafa y admiradora del poeta, al destacar aquella aguda sensibilidad artística y literaria que marcó la existencia del cantor de Fidelia, como escritor talentoso y prolífico, poeta de singulares dotes, colocado (y no por mero azar) entre los cultores más representativos de la lírica insular del XIX y el más alto exponente de los románticos cubanos.

El Reparador de sueños ya no es sueño

Regresó, casi espontáneamente, sin mucha propaganda, como suelen ser las cosas en nuestra provincia, el concurso, de música infantil, "Reparador de sueños". El teatro Bayamo le acogió en tres jornadas de la primera quincena del séptimo mes y casi lleno a pesar del silencio pre evento.

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